<< Por fin Elena se parto para mirar a Stefan, y éste le sujetó el rostro entre ambas manos, simplemente devolviéndole la mirada. Elena rió en voz alta, llena de dicha, abriendo y cerrando los propios dedos y contemplándolos con deleite antes de enterrarlos en los cabellos de Stefan. Luego se besaron.
Bonnie observaba descaradamente, sintiendo cómo parte de su embriagadora dicha se derramaba en forma de lágrimas. Le dolía la garganta, pero eran lágrimas dulces, no las saladas lágrimas del dolor, seguía sonriendo. Estaba echa una porquería, empapada, y jamás había sido tan feliz en toda su vida. Sintió como si quisiera cantar y bailar y hacer toda clase de travesuras.
Al cabo de un rato, Elena aparto los ojos de Stefan para mirarlos a todos, el rostro el rostro casi tan resplandeciente como cuando había flotado en el interior del claro como un ángel. Brillando como la luz de una estrella. <>, pensó Bonnie. >>